Fundada por los romanos bajo el nombre de Lucus Augusti, Lugo atesora más de dos mil años de historia y patrimonio. La Muralla Romana es el mejor testigo de su evolución, ya que, desde que fue erigida en la época romana, ha perdurado inquebrantable a lo largo de los siglos, convirtiéndose en el símbolo por excelencia de la ciudad gallega. Además de la Muralla, son muchos los atractivos de esta ciudad que merece unos días para perderse en sus calles. Tómate tu tiempo y conoce todos sus encantos: monumentos, gastronomía, naturaleza y sus gentes

Y PARA COMER, LUGO

La buena gastronomía, es otro de los puntos fuertes de la ciudad. Famoso es el lema “Y para comer, Lugo” que hace referencia a la exquisita gastronomía que se puede degustar en los numerosos restaurantes lucenses. Se caracteriza por la sabiduría con la que los chefs locales han sabido combinar la tradición secular con las tendencias más actuales. Entre las principales razones de éxito de sus platos está la magnífica calidad de los productos autóctonos que ofrece la tierra y el mar. Una huerta variada, carnes de primera clase (como la Ternera Gallega, el Capón de Villalba, el porco celta o las carnes de corral) y frutos del Cantábrico como sabrosos mariscos y pescados frescos, constituyen los ingredientes fundamentales de las recetas más famosas de la capital. A probar, el caldo gallego, el lacón con grelos, el pulpo á feira, la carne ao caldeiro o las filloas con miel, entre otros muchos platos.

Más de dos mil años de historia dan para mucho. Por eso, visitar Lugo se convierte en un viaje al pasado y requiere tomarse un tiempo para descubrir con calma todos los rincones que esconde esta mágica ciudad bimilenaria. Uno de los placeres que descubre el viajero que se deja enamorar por la capital amurallada es el de olvidarse de las prisas. Lugo ofrece el encanto de las ciudades en las que el tiempo parece detenerse y el visitante puede entregarse al lujo de pasear sin rumbo por sus apacibles calles y descubrir con calma sus mil y un rincones llenos de encanto.

Y si algo caracteriza a Lugo es la extraordinaria hospitalidad con la que acoge a sus visitantes, y es que la Muralla siempre tiene las puertas abiertas. Lugo presume orgullosa de la única muralla romana que se conserva íntegra en todo el mundo y se ha convertido en el emblema de la ciudad desde que, en el año 2000, la Unesco la declaró Monumento Patrimonio de la Humanidad. El viajero, cuando descubre sus muros, no deja de sentirse sobrecogido por la belleza sólida y serena de esta construcción defensiva y al recorrer sus piedras con la mirada puede percibir el peso de la historia. La sorpresa crece cuando sube al adarve de la Muralla y camina sus más de dos kilómetros de perímetro. La fortaleza de sus muros da paso a la inmensidad de sus vistas y, desde la atalaya, el viajero puede experimentar el infinito del horizonte. Al descubrir desde lo alto de la Muralla la colorida campiña lucense, los tejados y las chimeneas del casco antiguo y las soberbias torres de la Catedral el tiempo parece detenerse. Y nada más romántico para los enamorados, que un paseo por la Muralla bajo el cielo estrellado. El silencio de la noche y de las piedras han sido cómplices de generaciones y generaciones de lucenses que, bajo la luna, disfrutaron de este paseo único en el mundo.